FIEBER FESTIVAL 2017: Identidades en tránsito

Programa 2017 Ampliar imagen Programa 2017 (© Fieber Festival) Berlín es pródiga en festivales, simposios, encuentros.  Y sin embargo, un nuevo festival surgido hace seis años entre los muros de un edificio que ya fue demolido, está haciendo historia: Fieber Festival, una autoconvocatoria bianual de mujeres artistas de diversos países iberoamericanos que residen en esta ciudad, volvió en la primera semana de octubre con el lema: ¿Quién soy? Quem sou eu? Wer bin ich? Identidades en tránsito.

Quien soy es la pregunta. La experiencia de un mundo cambiante demuestra que las identidades son nómadas, están en constante movimiento y replanteamiento. Fieber Festival es un espacio autogestionado por las artistas en las distintas disciplinas para explorar-se, re-pensarse y re-encontrarse a través de la presentación de su obra, el contacto con otras artistas y con el público local de Berlín, la ciudad donde actualmente viven.

El programa incluyó múltiples propuestas en las áreas de artes plásticas, fotografía, video-arte, teatro, performance, danza, poesía, microficción, música, body painting. Las temáticas de los trabajos son de lo más variadas y expresan la propia realidad y visión de las creadoras.

La creación siempre implica un adentrarse en mundos desconocidos, explorando lo ignoto en el interior en busca de un material para pulir. ¿Y cómo se vive la creación cuando se es artista en la travesía, en el viaje, la migración? ¿Cómo hacer arte en circunstancias totalmente diferentes a las conocidas, bajo otro cielo, otra luz -u oscuridad- otras condiciones económicas, otra lengua? Las artistas iberoamericanas que cada dos años se autoconvocan en Berlín se lo preguntan. Tenemos intuiciones, más que certezas. Y más que respuestas, aparecen otras preguntas.

¿Cómo se mira, desde un lugar que no es el propio, en una ciudad desconocida, en un ambiente cuyas reglas se ignoran?

Como mujeres, artistas y migrantes, algunas de nosotras en mayor o menor medida nos encontramos en una posición de vulnerabilidad social, dificultades de integración, de realización personal y profesional en la esfera artística. Al mismo tiempo traemos con nosotras la fuerza vital de quienes se arriesgan a vivir, a caerse y levantarse, y el impulso de experimentar y construir sus vidas en nuevos territorios y culturas.

La mezcla de fuerza y vulnerabilidad de las personas migrantes es algo único.

Frente a un mundo donde todo cambia velozmente y se vacía de sentido, se instala la precariedad de la vida,  Lo precario, escribe la artista chilena Cecilia Vicuña, expresa el momento de la carencia, PRECARIO, significa, además de 'inseguro', 'obtenido por oración'. Entonces, la obra, cualquiera sea, es aquella lograda por oración en el poema, en el trabajo de arte: lo precario.

Y lo precario, fruto de peregrinaciones internas y en convivencia, se construye, y se ofrece.

Se comparte.

Las personas somos presencias y espectadoras de este mundo. Partícipes del ayer y del hoy en distintos espacios, tiempos y culturas. Fluímos por las geografías modelando nuestros cuerpos y la memoria con las realidades que enfrentamos. Nos encontramos y nos perdemos, intentamos otros caminos o reposamos para tomar aliento. Retomamos fuerzas, nos cuestionamos la vida y el significado del viaje. En este fluir de la vida, tratamos de reflejar nuestras inquietudes, visiones, representamos las preocupaciones sobre el mundo o nuestro ser o el contexto que nos rodea, en un acto valiente que construye realidades y nuevos significados, para sí mismas o para ofrecer a los demás en un acto generoso y particularísimo.

La idea de realizar un Festival con artistas migrantes, surgió hace seis años con el impulso de la colombiana Lucía González y María Luisa Helena Rapella, de Costa Rica. En 2011 ambas decidieron convocar a las artistas iberoamericanas residentes en Berlín a presentar una propuesta de trabajo para un naciente Festival de nombre turbulento: Fiebre.

La estación de la fiebre, el virus del arte, el calor de la creación, la temperatura de la pasión. Fieber. 

Treinta artistas participaron en aquella primera versión de este Festival que se llevó a cabo en la Galería Marzia Frozen, en un edificio ocupado y que ya fue demolido. Lucía González regresó a Colombia, pero las huellas de la fiebre persistieron en María Luisa y otras artistas, y dos años más tarde, en 2013, una nueva versión del Fieber Festival volvió a ocupar días intensos las planas del arte y la vida en Berlín. Esta vez fue en las instalaciones de un cine teatro. La experiencia se reeditó en 2015. Ahora la estación de la fiebre vuelve a inundar Berlín en la primera semana de octubre 5, 6 7 y 8 esta vez en el centro cultural Pfefferberg, las instalaciones de una antigua cerveceria del siglo XIX recuperadas por el gobierno de la ciudad para la actividad cultural.  La cuarta versión del Fieber Festival  reúne más de sesenta artistas de diferentes disciplinas, el doble de su primera versión.

Y siempre autogestionado, es decir, sostenido por la fuerza del deseo, volando a su aire con la energía de sus ganas. Arte cooperativo en vez de arte corporativo, es el lema. Creemos que hay otra manera de hacer las cosas, de estar en el mundo. Creemos en la economía de la reciprocidad y la solidaridad. Si no hay tejido social, no hay comunidad, dicen las artistas. Vivimos atravesadas por nuestros orígenes, bagajes y un presente que nos cuestiona constantemente a redefinirnos como personas, artistas, trabajadoras, madres, consumidoras, creadoras, objetoras de consciencia de nuestras propias vidas y recorridos vitales.

El hecho que un grupo de artistas en la migración decida inventar su propio Festival es, en sí mismo,  un acto de resistencia: El arte construye nuevas realidades, y en ese sentido la creación es un acto de resistencia. El camino del arte puede ser cruel, porque ser artista y saberse sola frente al mundo, es un acto que requiere de coraje y valentía. Las artistas, como hormigas, trabajamos a veces solas, o en colectivos desde nuestros refugios,  ya sea con la palabra, la poesía, la imagen, el cuerpo en movimiento, las ideas, la música, y las lanzamos al mundo como un gesto de amor y de combate, librando una batalla a veces difícil, pero no por eso inútil y llena de satisfacciones.

Y cuando esas artistas son además migrantes de diferentes países, la mayoría extraeuropeas, el acto de resistencia parece más explícito.  ¿Quiénes son ? ¿Qué quieren? ¿Qué pretenden? ¿Qué se creen? ¿Que buscan? ¿Y por qué solamente mujeres?¿Y porqué solamente de una región específica?

Las preguntas se multiplican, porque sólo confrontando las cuestiones y dudando se crea pensamiento. Hace un montón de años, el poeta peruano Martín Adán escribió „La poesía sopla donde quiere“ y las artistas del Fieber Festival bien pueden parafrasearlo.

Y cantar con Bob Dylan Blowin in the wind.

La respuesta está en el viento. 

Texto: Esther Andradi. Cortesía de la autora y de FIEBER Festival.

www.fieberfestival.com

Fieber Festival

Candela Monde